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Bilbao

NUCCI, EL RIGOLETTO

Ha habido grandes Rigolettos y sin duda el futuro nos deparará nuevas sorpresas, pero será difícil alcanzar la altura de Leo Nucci en este papel. Voz, profundidad dramática y, sobre todo, una infinita riqueza de matices, hacen única la personificación de este gran artista en el complejo papel que diseñó Verdi. Nucci consigue que texto y música fluyan con la naturalidad del transcurrir del drama humano en tiempo real, abstrayendo al oyente de la pura representación teatral para meterle en situación sin más esfuerzo que dejarse llevar. Claro está que para que esto ocurra tiene que acompañar el entorno. La Gilda de Elena Mosuc, debutante en ABAO, impresionó por su línea vocal y teatral al servicio del personaje, no sólo entendido de forma autónoma sino en perfecta sintonía con el protagonista de la representación. El Duca di Mantova de Ismael Jordi, por voz y presencia es más seductor que villano lo que resta una cierta carga de maldad en los momentos en que ésta es necesaria, más aun en contraste con el altísimo nivel dramático de sus compañeros de reparto. Aquí sumamos el Sparafucile de Felipe Bou, absolutamente convincente en su interpretación desde cualquier punto de vista. Yryna Zhytynska sustituyó a María José Montiel debido a un accidente fortuito en la representación anterior, según se comunicó. Con canto poderoso y sentido teatral Zhytynska compuso una seductora Maddalena que, arropada en un seductor traje rojo, nos recordó a una Carmen en brazos del Duque de Mantua. Una vez más, el Coro de Ópera de Bilbao estuvo a la altura de las circunstancias aunque el Maestro Gómez Martínez tuvo puntualmente alguna dificultad para ajustar los tempi del conjunto. Buen trabajo del Maestro granadino con la Orquesta Sinfónica de Bilbao a la que escuchamos matizada y entregada a las esencias verdianas necesarias para el soporte de las profundas tensiones humanas que se desarrollan en el escenario. La dirección de escena de la reposición, original de Emilio Sagi, corrió a cargo de Nuria Castejón. En palabras del propio Sagi, la escenografía tiende al minimalismo partiendo de una suerte de actualización del renacimiento. Es una de esas concepciones que genera división de opiniones en el público, lo cual es también un elemento dinamizador del mundo de la ópera. Voluntad de impactar con calidad de base y sólidos planteamientos que para algunos subrayan la acción y para otros la confunden. Sería peor que no se hablase de ello. Largos aplausos de un público que abandonó la sala con mucho más que la cantinela de "La donna è mobile".

Daniel Garay

Crédito: E. MORENO ESQUIBEL

Pie de foto: Leo Nucci como Rigoletto, en el centro de la imagen

fot. Malgorzata Chrastek